“La paradoja del amor es ser uno mismo, sin dejar de ser dos”. Erich Fromm

Lograr una relación de pareja significativa, puede ser uno de los mayores gozos del ser humano y a la vez una de las mayores fuentes de dolor (Díaz, 2003); sobre todo si se considera la fuerte de carga emocional que se sucede al inicio de toda relación de pareja, ya que se da una búsqueda del amor soñado, las esperanzas de una aceptación mutua, la necesidad de pertenencia o de sentirse protegido y seguro; el deseo de vivir una pasión profunda, el anhelo de lograr un vínculo duradero. Pero con frecuencia las esperanzas declinan con las realidades del desamor; las necesidades no coinciden, la rabia separa, los juicios erosionan, la aceptación y la soledad invade la vida en compañía.

El éxito de las relaciones de pareja puede parecer un misterio para algunos y una certeza para otros; la verdad es que, en México de cada 100 matrimonios, 25.7 se disuelven y en el resto del mundo, Bélgica es el país con más disoluciones (71%), seguido por Portugal, Hungría, República Checa y España.

¿Cuál es la fórmula para la permanencia en una relación de pareja?

¿La vida en pareja satisface el desarrollo del individuo y sus necesidades?

¿Existen las relaciones eternas?


Partiendo del hecho de que nada es para siempre, más que los cambios y la muerte, es difícil suponer que una relación de pareja permanezca estable y satisfactoria a lo largo del tiempo, pues las personas podemos cambiar (si bien no en esencia, sí de paradigma), somos influidos por el entorno y las experiencias de vida y, eventualmente, nos podemos sentir atraído(a)s por otros seres humanos o dejar de sentirnos atraído(a)s por la pareja actual. 

Varios estudiosos han propuesto ciertas teorías acerca de los elementos constitutivos de la pareja y, por supuesto, no solo su presencia sino desarrollo de las características de cada uno, para que una pareja sea satisfactoria y persista a lo largo del tiempo.

Del lado cultural, el amor en las relaciones íntimas ha sufrido fluctuaciones en su conceptualización y relevancia social a lo largo de la historia. Por ejemplo, hasta el siglo XIX era común que las relaciones de pareja se sostuvieran por acuerdos de familia y si surgía algo parecido a lo que hoy llamamos amor esto ocurría después del matrimonio. Es a fines de este siglo cuando se produce una exacerbación del sentimiento, reflejado en el movimiento llamado romanticismo, lo que llevó a su vez al amor a tener un rol protagónico en la conformación de las parejas. Posteriormente, la sociedad industrial ofreció mayores posibilidades para que los jóvenes tuvieran citas que les permitiera conocerse previo al compromiso, atribuyendo al amor romántico el rol de principal argumento para considerar la conformación de una pareja estable (Fromm, 1959; Espina, 1996).

El amor romántico es entendido como aquel que incluye la necesidad de cuidar y confiar en la pareja, además de la presencia de sentimiento de bienestar, conductas de intimidad, apoyo y tolerancia al otro, que posteriormente lleva al matrimonio (Fromm, 1959). Actualmente, con la diversificación de las formas en las que se puede vivir en pareja, el amor romántico no necesariamente conlleva al matrimonio, sino que también se ha validado y masificado la convivencia de parejas, especialmente en Latinoamérica, sin que eso signifique menos compromiso. 

Como un intento de comprender la naturaleza del amor, Sternberg (1986) propuso la teoría triangular. En esta teoría, el amor sería un “todo” que se compone de partes complejas que, si bien tiene influencia biológica, estaría dirigido casi en su totalidad por los roles socialmente aprendidos, moldeados a través de la observación.

Según Robert Sternberg, la pareja debe desarrollar tres componentes: pasión, intimidad y compromiso, definidos de la siguiente manera:
Pasión: nos tenemos que gustar y atraer eróticamente sintiendo y expresando el deseo y la excitación sexual; debemos experimentar una fuerte tendencia a buscar la unión física y/o emocional con el otro.
Intimidad: es lo que caracteriza a las buenas amistades: conocimiento, gusto y confianza en el otro, en lo que es, lo que hace y lo que siente. Preocupación por el mutuo bienestar.
Decisión o compromiso: básicamente consiste en darle valor a nuestras palabras y cumplir lo prometido y no prometer lo incumplible; voluntad de mantener el vínculo y responsabilidad al respecto; interés en superar las adversidades y perpetuar el afecto, más allá de las circunstancias temporales.

Con base en este triángulo, Sternberg propone la idea de que existen siete formas de amor, según la forma en que aparecen y se manifiestan cada uno de los tres elementos que lo componen:
1. Relación de cariño
Es cuando entre dos personas hay intimidad pero no pasión, ni compromiso. Son, por lo general, relaciones muy perdurables, aunque no haya un compromiso formal de por medio. Esta forma de amor es característica de los amigos.
2. El encaprichamiento
Cuando hay pasión, pero no intimidad ni compromiso estamos frente a un “amor a primera vista” y generalmente, caracteriza a las relaciones cortas y triviales y la sensación puede tener gran persistencia e intensidad, pero no profundidad ni trascendencia.
3. Amor vacío
Se caracteriza por el compromiso de ambas partes, notorio desde a fuera, pero sin pasión ni intimidad internas. Puede ser una forma de vínculo por la que suelen pasar o se estacionan las parejas que llevan mucho tiempo juntas, inmersas en la costumbre.
4. Amor romántico
En este amor, hay pasión e intimidad, pero no compromiso. Es el que caracteriza a la etapa de enamoramiento inicial, andando “entre nubes”, sin tanta voluntad de darle trascendencia real al vínculo. Este tipo de amor, generalmente, desaparece cuando se presentan adversidades, dificultades o monotonía.
5. Amor sociable o de compañía
Intimidad y compromiso, pero no pasión, son los elementos que caracterizan a este tipo de relaciones. Ambos disfrutan de la compañía del otro y han decidido mantener el vínculo, pese a que no haya deseo sexual o romántico. Es una forma de amor típica de las parejas más maduras y los grandes amigos.
6. Amor fatuo
En estas relaciones hay un fuerte compromiso y mucha pasión, pero no intimidad o cariño. La decisión de permanecer juntos surge de la pasión, pero no de la confianza o la compatibilidad. Este tipo de relación es característico de personas con inseguridad y dependencia.
7. Amor consumado
Representa el modelo ideal del amor, en donde están presentes todos los componentes del triángulo del amor: pasión, intimidad y compromiso.
Sternberg indica que este tipo de amor es poco común y que lo más difícil no es encontrarlo, sino mantenerlo. Para lograrlo, es necesario recordar que el afecto, la pasión y el compromiso, deben expresarse constantemente.

Según otros autores como Díaz-Loving y Vera, la satisfacción marital es el producto de un balance entre aspectos positivos y negativos del matrimonio o convivencia y tiene una relación positiva con el amor, el afecto, la amistad, el interés, la satisfacción sexual y la complacencia positiva de las necesidades personales y comunicacionales.
Una de las cualidades más importantes de la satisfacción con la pareja es su fuerte relación con el bienestar individual, por lo tanto, sería un medio que posibilitaría la felicidad de las personas. Por otro lado, está documentado que la satisfacción marital también se ve influida por el método que las personas utilizan para enfrentar o resolver los conflictos que surgen en la convivencia, pues parece que el conflicto per se no necesariamente es negativo (ya que las tensiones pueden brindar oportunidades para el cambio) pero la negociación, comprender y adaptarse a las diferencias es lo que hará crecer a la pareja. Las parejas funcionales no se distinguen de las disfuncionales por la cantidad de conflictos, sino que por la forma en que resuelven estas discrepancias.
Kurdek (1994) hace referencia a cuatro estilos de resolución de conflictos: 
a) la negociación o resolución positiva, que se caracteriza por comprender la posición del otro, utilizando la argumentación o el razonamiento constructivo para alcanzar compromisos y negociar; b) la confrontación, basada en comportamientos verbalmente abusivos, pérdida del autocontrol, ataques y estar a la defensiva; c) la retirada, caracterizada por el rechazo o evitación del problema, el que se refleja negándose a hablar o retirándose del lugar; d) la sumisión, donde se acepta sin discusión la solución propuesta por el otro y no se defiende la posición propia.

Uno de los estilos de comunicación que más satisface a las parejas es hacer uso de expresiones de cariño, comprensión, dulzura y afecto como formas de complacer y ser sociable con el otro. Díaz-Guerrero (1994) mencionaba que para el mexicano es muy importante mantener las relaciones interpersonales en armonía y ser atento y cortés: la relación de pareja no es la excepción. Por otro lado, el hecho de que el uso de estilos de comunicación positivos facilita la mutua comprensión, el respeto y la toma responsable de decisiones en la pareja y que esta relación funcione.
Los conflictos que se perciben con mayor frecuencia en la relación de pareja son los debidos a la personalidad de otro, los celos y desconfianza y los estudios indican que cuando hay conflictos en un área, hay una mayor probabilidad de un deterioro general de la relación tanto para hombres como para las mujeres (Rivera Aragón et al. 2004).


REFERENCIAS.
STERNBERG, R. J. (1988), El triángulo del amor: intimidad, pasión y compromiso. Paidós Ibérica.
Armenta, Hurtarte. C. & Díaz-Loving, R. (2006). Comunicación y satisfacción: Analizando la interacción de pareja. La Psicología Social en México, México: AMEPSO, XII, 173-178.  
https://www.redalyc.org/pdf/4615/461546437004.pdf García, Felipe E.; Fuentes Zárate, Ruth; Sánchez Sánchez, Alfredo AMOR, SATISFACCION EN LA PAREJA Y RESOLUCIÓN DE CONFLICTOS EN ADULTOS JOVENES Ajayu. Órgano de Difusión Científica del Departamento de Psicología de la Universidad Católica Boliviana "San Pablo", vol. 14, núm. 2, agosto, 2016, pp. 284-302 Universidad Católica Boliviana San Pablo La Paz, Bolivia