CÓMO REENCENDER LA FOGATA Y CÓMO SABER QUÉ LA APAGÓ

“El fuego necesita aire y demasiadas parejas no se dejan suficiente aire como para mantener encendido el fuego”. Esther Perel.

¿Cuál es la causa de que las relaciones sexuales empeoren en parejas que dicen quererse más que nunca? ¿Se puede desear lo que ya se tiene? ¿Por qué el aumento de la intimidad no garantiza una buena sexualidad en la pareja? Según Esther Perel, reconocida psicoterapeuta belga que ha tratado a infinidad de parejas que se quejan de que sus relaciones, aunque abiertas y llenas de cariño, se han convertido en aburridas y desapasionadas, explica la paradoja de que en estos días de revolución sexual, liberación femenina y normalización de lo que anteriormente se consideraban tabúes, las parejas tienen menos relaciones que antes. Para ella el estrés, una vida demasiado ocupada o la llegada de los hijos influyen en tus relaciones de pareja. 

Cuando se democratizó la contracepción fue un cambio enorme principalmente para las mujeres que así pudieron liberar su deseo del peligro de la sexualidad que habían conocido durante toda la historia. También por la tecnología y la reproducción asistida hemos logrado separarla de la sexualidad. Ahora la sexualidad está socializada, ya no sólo pertenece al mundo biológico o natural, también pertenece al mundo social y vuelve a ser parte de nuestra identidad de nuestras elecciones de estilo de vida.
El amor busca la cercanía, acercar el espacio, la distancia entre dos personas; el amor quiere disminuir las amenazas, quiere tener, pero el deseo es querer y para querer se necesita alguna distancia psicológica, se necesita un espacio entre uno y el otro, se necesita una alteridad: este es el espacio erótico.


Según la Dra. Perel, cada vez que le pregunta a las personas sobre los momentos en los que se sintieron particularmente atraídas por sus parejas, las respuestas son siempre descripciones: “cuando lo veo jugando con nuestros hijos, tocando un instrumento, apasionado por algo en el cual yo no estoy involucrada, hablando con otras personas, a través de los ojos de la tercera persona mirándolo, cuando ella está dando una charla, cuando está en el escenario”. Es decir, cuando se ve al otro con un poco de distancia, con alteridad y sin tener que “encargarse” (pues el encargo es amor, pero es totalmente antiafrodisíaco) es cuando se logra ver al otro -que ya es tan familiar- un poco desconocido o misterioso de nuevo y ese cambio de percepción es el misterio adentro del hogar. Es esa distancia.

Peres refiere que existe una contradicción bastante interesante en el amor: en la época histórica en la que tenemos más libertad, el único lugar donde parece que no podemos tenerla es en la relación íntima, ya que los ideales románticos y las actuales teorías psicológicas, hablan mucho más de la conexión que de la necesidad de libertad, autonomía e independencia, por lo que los criterios para estar juntos están conceptualmente claros y bien desarrollados, pero los criterios de distancia y diferenciación no. Vivimos tiempos en los que tomamos todas nuestras necesidades de seguridad y las trasladamos a la pareja, a una persona que nos debería aportar lo que antes obteníamos de una cadena de instituciones, de un pueblo, de una comunidad, de una iglesia. Así que tantas necesidades concentradas en una única persona es demasiado y nos hace transformar la intimad en un sistema de control, en una manera de ser, en una fusión.

Existen muchas más razones por las que el amor se acaba (al margen de que nada es eterno y el amor no es excepción), pero vamos a centrarnos en las razones por las que se acaba el erotismo, la pasión y la fogosidad entre dos personas que aún se aman y se importan. Además de lo que la Dra. Perel relata, se ha demostrado que la pasión de la pareja está determinada por la novedad, el afecto, la comunicación y el ajuste de la relación, más que por la simple satisfacción de necesidades físicas, por lo que es importante considerarlos (MacNeil y Byers, 2005), y saber más sobre esos elementos.


¿Qué apaga la llama?
Las mujeres, las más afectadas.

Múltiples estudios, empezando por los realizados en los años 60’s por Master y Johnson, demuestran que la duración de la relación influye en la frecuencia de la actividad sexual: a mayor duración, menos relaciones.
Científicos de la Universidad de Southampton, Inglaterra, encontraron que después de un año de relación, las mujeres pierden el interés sexual en su pareja mucho más rápido que los hombres y que mientras más antigua la relación, mayor pérdida.
Para muchas de ellas, el hecho de formalizar la relación detona el fenómeno: el matrimonio o la convivencia facilitan la familiaridad y la cotidianidad lo que frecuentemente conduce a relaciones sexuales menos creativas e interesantes; la cotidianidad de muchas parejas está centrada en el proyecto de vida, la economía, los hijos, el funcionamiento del hogar, factores que si bien fortalecen la relación, pueden provocar que el sexo pase a segundo término.
Sabemos que en la mujer la pasión proviene más de cosas que pasan antes del sexo como el romanticismo, el juego previo, la sorpresa y la admiración: en muchos casos, en las relaciones estables estos ingredientes empiezan a disminuir en frecuencia e intensidad.
El estudio de Southampton mostró, como otros estudios, que la maternidad es un “mata pasiones”: muchas de las mujeres sienten dolor durante el coito después del parto, están inconformes con su cuerpo, están agotadas para tener relaciones en medio de la crianza de un recién nacido demandante y además tienen la prolactina (hormona que permite la lactancia) en el cielo, la cual mata el deseo sexual.

Por otro lado, Daniel Bergner, autor del libro “What Women Want”, encontró que en muchas mujeres con la libido baja su problema es la monogamia; cita el trabajo de Dieterich Klusman, un psicólogo de la Universidad de Hamburgo, Alemania, que observó que las parejas en relaciones recientes tienen el mismo nivel de deseo, pero en las mujeres que llevaban con sus parejas entre 1 y 4 años de convivencia el deseo empezaba a descender continuamente mientras el de los hombres se mantenía alto. Por otro lado, Esther Perel (Mating in Captivity: Unlocking Erotic Intelligence, 2006), refiere que numerosos estudios han encontrado que las mujeres se excitan más con las fantasías sexuales con extraños, que con fantasías con “el mismo”.


Qué apaga la llama en ambos

La distancia emocional y los conflictos no resueltos generan una disminución de la satisfacción sexual, la frecuencia de relaciones sexuales y un aumento de la probabilidad de infidelidad (Sprecher y Cate, 2004), a lo cual se pueden sumar depresión y ansiedad, generando un decremento de la frecuencia y la calidad de las relaciones sexuales de pareja (APA, 2000). Un efecto aún peor tiene el rasgo de neuroticismo que deteriora de forma muy temprana la actividad y la satisfacción sexuales (Fisher y McNulty, 2008) en ambos. Otro factor a considerar es la dificultad para identificar y expresar verbalmente las emociones, pues deteriora la calidad de la comunicación marital, sobre todo si hay mucha diferencia en el nivel de expresividad de entre los cónyuges (Moral, 2008), ya que esto limita la capacidad de afrontar problemas (Brody, 2003), y se genere afecto negativo, mermando así la frecuencia de relaciones sexuales. (Moral de la Rubia, José, 2011).

Por otro lado, muchos estudios epidemiológicos demuestran que el deseo sexual y la frecuencia de las relaciones sexuales, disminuyen con la edad, y algunos encontraron que este declive es mayor en las mujeres que en los hombres (Nilson, 1987, Pfeiffer E., 1972 Weg RB, 1991, Diokno, 1990); las causas son predominantemente físicas o biológicas (deficiencia de testosterona, deficiencia de estrógenos, presencia de enfermedades crónico-degenerativas que afectan la circulación sanguínea y la conducción nerviosa).


La pregunta del millón: ¿qué hacer?

Lo primero es asumir que hay un problema, que genera malestar e infelicidad en ambos.
Hablar en pareja del problema.
Descartar siempre las causas físicas de la extinción de la llama (por lo tanto, acudir con el médico).
Buscar ayuda sexológica/psicoterapéutica en caso necesario.
Conquistarse y re conquistarse: Se vale probar todo, siempre y cuando haya un consenso, autocuidado y sin que se dañe a nadie: juguetes sexuales, atuendos, fantasías, olores y sabores diferentes pueden ser una alternativa.
Experimentar: muchos se quejan de que las cosas que pasaban al principio ya no suceden: leer juntos un relato erótico o ver una película romántica o pornográfica, según sea el gusto de cada quien. El soft porn (o porno suave, puede ser del gusto de muchos por no ser tan explícito).
Modificar el entorno: darnos cita en otro lugar diferente a la casa, acudir a un motel, regalarnos un fin de semana romántico en un SPA.
Volver a admirarse: crear nuevos espacios en la relación en los cuales podamos observar a nuestra pareja “desde lejos” o en roles, actividades o funciones en las que no la hemos visto desempeñarse.

Así como la relación afectiva, la sexualidad necesita de voluntad y esfuerzo, sobretodo en parejas ya establecidas desde hace tiempo: es necesario que hablemos y compartamos qué queremos y qué no. Puede sonar poco sexi, pero así es como funciona.

Bibliografía:
Mating in Captivity: Unlocking Erotic Intelligence
Perel, Esther- 2007
HARPER COLLINS PUBLISHERS
https://www.intramed.net/contenidover.asp?contenidoid=4801